lunes, 15 de junio de 2009

Texto del Evangelio (Mt 5,38-42): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Habéis oído que se dijo: ‘Ojo por ojo y diente por diente’. Pues yo os digo: no resistáis al mal; antes bien, al que te abofetee en la mejilla derecha ofrécele también la otra: al que quiera pleitear contigo para quitarte la túnica déjale también el manto; y al que te obligue a andar una milla vete con él dos. A quien te pida da, y al que desee que le prestes algo no le vuelvas la espalda».

«Pero yo os digo: no resistáis al mal»


Cometí el error de regocijarme en la angustia que provoca la injusticia. Me he recreado en la miseria que me hace ser persona. Me siento vencido, defendiendo mi verdad y cayendo en lo cotidiano, justo todo lo contrario por lo que consagré mi vida.

Suerte que no decido mi destino, suerte que te entregué mi voluntad, suerte que antes de postrarme y abandonarme te dejé claro que sólo no podría conseguirlo. Suerte que amortiguas la caída y recoges los pedazos para volverlos a montar. Suerte que ya no te acuerdas de mi necedad.

Sigue vigente tu alianza, sigo queriendo ser vencido cuando predomina mi voluntad y no la tuya.

No me abandones alma mía que se me turban los sentidos, no permitas que deje de mirar tu rostro y te suplique misericordia.



1 comentario:

Patricia García-Rojo dijo...

qué fácil le resulta mantener su alianza de amor,aunque le devolvamos tonterías!