lunes, 5 de julio de 2010

JESUCRISTO HIJO DE DIOS TEN MISERICORDIA DE MI PECADOR

Hoy es de esos días donde no puedes sentirte orgulloso de tus raíces. Hoy es un día triste, gris, feo...
Es de esos que cambiarías tu nombre, donde no puedes mirar a la cara sin sentir una profunda vergüenza, una rabia contenida, una razonable duda sobre dónde estoy y si merece la pena ser y sobre todo pertenecer.

La incoherencia, para mí, es lo que más me separa de las personas, y sobre todo de las instituciones que representan, y / o dicen representar los valores heredados de Jesús de Nazaret.

Podría empezar a despacharme a gusto y desahogarme con espumarajos en la boca (es lo que me apetece) de todo lo que me aparta, daña, perjudica e indigna, pero sería un antitestimonio para quienes en mí alguna vez, en algún instante han vislumbrado, percibido un pequeño, minúsculo "tufillo" de querer parecerme a Él. Trataremos de racionalizar lo que sentimos para que la acción sea consecuente.

Cada vez más, son los cristianos anónimos, (estos que no saben que lo son) los que me evangelizan, y se me hace más duro tener caridad (la que Dios tiene conmigo) con los cercanos, los que se llaman como tu, los que dicen ser, los que están en la verdad," los justos"

Yo, doy gracias a Dios por ser un miserable, indigno, subjetivo y tantas cosas más... Por verme cada día más lejos de El, por necesitar que me abrace y no me deje escapar, por saberme capaz de lo mejor y sobre todo de lo peor. Y no es que esté orgulloso de esto, no, es que me reconozco humano, (esto último lo considero muy saludable)

Me sigo sorprendiendo de nuestra capacidad destructiva y espero seguir sorprendiéndome para seguir dando oportunidades a tod@s.

Debo seguir confiando, esperando, soportando y "ayunando" pero desde dentro, porque desde fuera no sería posible cambiar nada, claro, esto si me dejan, aunque visto lo visto...

Lo que si que tengo meridianamente claro es lo poco o nada acostumbrados que estamos en esta bendita empresa a reconocer nuestras miserias, hay tanto que cambiar...

Y todo esto no lo diría si no sintiera un profundo amor por ella, pero no es una amor visceral, celoso y ciego, es un amor sereno y lleno de fe.

A sí que no me queda más que pedir perdón por los que no son capaces de hacerlo, los que se sienten en la verdad, los que disponen de la misericordia de Dios a su antojo depositandola allí donde sus criterios más los benefician, los que nunca se equivocan, los que están por encima del bien y del mal, los que interpretan a Dios, los que te lo imponen y te lo meten por los ojos, los que pican tan sigilosamente que hasta les das las gracias por haberte elegido a ti para picarte, y sobre todo por los que te salvan o no, según con quién te acuestes, ainsssss!!!! Perdón Señor

Jesucristo hijo de Dios, ten Misericordia de mí pecador!

Y lo escrito, escrito está.

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